Las botas del amanecer en La Mora

VÍCTOR DEL REGUERO

La Vega de La Mora es una de las primeras zonas que se pone en explotación. Entre sus pastos, cordeles y regatos surge toda una suerte de bocaminas.

Los primeros tajos llegan de la mano de Ignacio Álvarez García, de Cabrillanes, y Eulogio Fernández Prieto, de San Pedro de Luna, que hacia 1908 se asocian para sacar carbón en la mina Santa Bárbara. Como tarde o temprano suele ocurrir con las acciones comerciales compartidas, la armonía de la sociedad minera de Eulogio Fernández con Ignacio Álvarez se rompe. En 1911, con las cuentas deshechas y varios descubiertos, no pagan el canon de la concesión y el gobernador civil declara francos los terrenos. Valentín Fernández –hermano de Eulogio– solicita para sí la concesión minera, poniéndole el nombre de Dolores en honor a su madre, a la vez que su otro hermano, Federico, denuncia otra concesión en la misma zona que bautiza como San Pedro. Sin embrago, la mina Carrascontina es la más importante y una de las más destacadas en estos primeros tiempos carboneros. La explota desde 1912 Dionisio González en sociedad con Baldomero García y otros dos socios.

Varios hacendados locales hacen también sus pinitos en el negocio del carbón en La Mora. Son de Piedrafita de Babia los hermanos Álvarez Gómez, conocidos como los Ramiros y uno de los cuales se dedican en Madrid a la fabricación de la conocida agua de colonia concentrada que lleva sus apellidos. De las minas se ocupa particularmente Telesforo Álvarez Gómez, abogado y respetado personaje que promueve y financia obras como la plantación del pinar o la construcción de la presa que conduce el agua del río Sil desde La Vega de los Viejos hasta Piedrafita. En estos primeros años, Telesforo Álvarez Gómez abre bocaminas sobre sus concesiones Santa Bárbara y La Babiana.

Como los Ramiros, la familia de los Manochos de Quintanilla de Babia solicita una concesión minera en la Lomba del Medio, muy cerca de La Babiana. La explotan bajo el nombre de Requilán los hermanos Manuel y León Pérez Alonso, ambos médicos, y su cuñado Enrique Álvarez Alonso, dueño de un próspero comercio en Cabrillanes. […]

Al terminar la guerra civil en 1939, entre los minifundistas que explotan minas en este nuevo ciclo expansivo, cabe citar en el área de La Mora a León Pérez Alonso, Regino Álvarez Álvarez, Tomás García Blanco, Eulogio Crespo Hevia o Heliodoro González García.

Sobresale entre todos el nombre de Florentino García González, quien desde Piedrafita de Babia, donde construye un edificio para oficinas y economato, se asienta en el negocio para mantenerse como actor principal de la zona durante toda la dictadura. «Floro» ha iniciado su actividad como explotador en los años anteriores a la guerra, asociado con Manuel García García «El Rojo», de Quintanilla, trabajando en común unos macizos arrendados a MSP en La Mora. Florentino García acaparará la mayoría de las minas de la Vega de La Mora y las cercanías de Carrasconte, explotando la mina Requilán en sociedad con la familia de los Manochos y adquiriendo y arrendando otras concesiones con la anuencia de MSP. Su gran actividad en unos tiempos de gran rentabilidad, le hace expandirse hacia otras minas como la Santa Fe, en Torrebarrio, o La Escandalosa en Peña Dereita, donde hacia 1955 instalan un lavadero.

Piedrafita y Quintanilla de Babia viven en estos años su particular edad dorada, duplicando su población y con un gran auge comercial gracias al aluvión de obreros que se asientan en ambos pueblos con sus familias. Los mineros vuelven del tajo cada tarde con sus botas de vino, que dejan en el bar para llenar y recoger temprano, el día siguiente, para regresar a la mina. Decenas de botas colgadas en las barras, una alegoría de lágrimas de piel y pez en tiempos de resignación.

Las gafas del Belga. Víctor del Reguero

Las gafas del Belga
Víctor del Reguero
Club Xeitu, 2015
Reeditado en 2022

 

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  Lee Saida Lara