Los cacharrones de las babianas
–Caballero, ¿han de ser voluntarios o forzosos?
–No sé lo que ustedes me preguntan –dijo Gil Blas.
–Hablamos de los cacharrones –le contestaron.
–Y ¿qué son los cacharrones? –repreguntó.
–Cacharrones son los azotes que le hemos de dar en sus posaderas.
–¿Quiénes? ¿Ustedes a mí?
–Ea muchachas, ya está visto que han de ser forzosos, y manos a la obra.
Al decir esto arremeten las cuatro al pobre Gil Blas, y cogiéndole la una por una pierna, la otra por la otra, la una del brazo izquierdo y la otra del derecho, me lo levantaron una vara del suelo. En esta actitud comenzaron a darle los cacharrones sobre su trasero por encima de los calzones, y concluida la operación se marcharon muy satisfechas de haber cumplido su deber.
Es una costumbre inmemorial en las Babias hacer esta operación a todo pasajero. Si este voluntariamente se presenta a sufrir la operación, le dejan, y se van tan contentas estas amazonas; pero si se oponen o resisten, no hay remedio sino pasar por la ignominia de verse un hombre azotado por mujeres. La resistencia es inútil en el más valiente, porque las hay allí de una fuerza gigantesca.
Corrido y avergonzado Gil Blas de esta ignominiosa aventura, no se atrevió a esperar otras en aquel pueblo, y continuó su viaje hacia el puerto de Somiedo.
El Gil Blas del siglo diez y nueve. Tomo III
Juan Francisco Siñériz Trelles
Imprenta de Ignacio Boix. Madrid, 1845
Puedes escuchar también el pódcast
Lee Juana Caparrós