El fusilamiento en Villasecino

MODESTO LAFUENTE

En las postrimerías de la Primera Guerra Carlista, la ciudad de León y parte de la provincia se vieron afectadas tanto por el escenario bélico y los enfrentamientos de las tropas del general Espartero contra las incursiones carlistas, y, sobre todo, por constituirse los pueblos como despesas de las partidas militares, como ocurrió en 1836 en la ciudad de León confiscando armas y víveres, o en 1838 con numerosos saqueos en pueblos.

En este contexto, se produce a comienzos de 1838 en la ciudad de León un suceso cuyo violento final acaece en tierras babianas.

Los subtenientes Francisco Doti y Joaquín Guisasola, del 4º batallón de francos de Valladolid, se sublevan a favor de la república tomando el camino de Asturias hasta La Robla. Mientras una buena parte de los sublevados se entrega a sus perseguidores, el resto se dirige por Murias de Paredes a Rioscuro, siendo perseguidos por el comandante general de la provincia de León, el brigadier Alonso Luis de Sierra y el jefe político, Miguel Antonio Camacho, al mando de una parte de la compañía de granaderos y de la compañía de lanceros provinciales y de los milicianos nacionales de a caballo.

Es recogida así la noticia por la publicación leonesa Fray Gerundio en la edición del 25 de enero de 1838:

Los amotinados se dirigieron por el camino de Asturias; el comandante general salió a las pocas horas en su persecución con otra compañía del mismo cuerpo, y el Jefe político lo verificó poco después con la fuerza movilizada de caballería, y algunos nacionales de la misma arma, dispuestos uno y otro a seguir los rebeldes hasta exterminarlos. A las tres de la tarde ya se habían presentado la mayor parte de los seducidos al Comandante general, abandonando al rebelde Dotí; pues aunque al llegar a Llanos de Alba tomaron aquellos posición en una montaña con ánimo de hacer resistencia, a la sola voz del comandante bajaron y se entregaron la mayor parte, siguiendo al cabecilla el subteniente Guisasola, un sargento y algunos cabos y soldados en direción de Otero de las Dueñas. El Jefe político y Comandante ya unidos marchaban sobre los rebeldes. Según el último parte iban ya solos los oficiales y sargentos hacia Rioscuro. Su descabellado plan parece ser proclamar la república, y el cabecilla se titula «Comandante de la 1ª compañía de la libertad».

Los últimos cinco componentes de los sublevados (los dos suboficiales, un sargento, un cabo y un soldado) resultan aprehendidos en los montes próximos a Riolago y trasladados a Villasecino, siendo al siguiente día fusilados los dos subtenientes por un pelotón formado por propios compañeros de armas.

El acontecimiento lo relata así el Fray Gerundio del 1 de febrero:

Los cabecillas Doti y Guisasola, que como anuncié en el suplemento al Fr. Gerundio del jueves 25, habían sido capturados por los Nacionales de Riolago y Villasecino, sufrieron la última pena en el segundo de estos pueblos a las dos y media de la tarde del mismo día 25, a donde habían sido conducidos por disposición de las autoridades de la provincia que les habían perseguido desde su salida. Fueron pasados por las armas por los mismos soldados que habían sacado seducidos y que después les abandonaron uniéndose al Comandante General. Doti mandó la escolta con un valor que no solo admira sino espanta, y las circunstancias todas con que quiso señalar sus últimos momentos han dejado en los ánimos una sensación mezclada de admiración, de lástima y de terror.

Fray Gerundio

Fray Gerundio.
[León, 25 de enero y 1 de febrero  de 1838]
Modesto Lafuente.

Del filandón de Babia. Javier Molina Marcos

Del filandón de Babia.
Javier Molina Marcos.
Club Xeitu. Villablino, 2022

Puedes escuchar también el pódcast.

Lee Manuel Sierra, pintor