Las Misiones Pedagógicas llegan a Babia

VÍCTOR DEL REGUERO

Manuel Bartolomé Cossío había pasado por Babia en más de una ocasión haciendo la ruta desde el Puerto de Pajares al de la Cubilla y de este a Villablino, rematando el viaje en tren desde Madrid con su paso de caballería por estas montañas, en sus visitas cada verano a la Escuela de Sierra Pambley. […] Suya fue la iniciativa con la que la República puso en práctica las aspiraciones de la Institución Libre de Enseñanza para hacer llegar la ilustración al último rincón de España: las Misiones Pedagógicas, creadas en 1931 por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes.

En la primavera de 1932, mientras la primera Misión Pedagógica en la provincia de León tenía lugar en el valle de Valdeón, Manuel García-Lorenzana hacía gestiones para que otra Misión Pedagógica viniese a Babia. Unas semanas antes, con el propósito en el aire porque los presupuestos públicos no se iban a poder hacer cargo de ella, él mismo se ofreció a costear los gastos, pero el Ayuntamiento de San Emiliano acordó asumirlos, no sin «dar las gracias al que se acuerda de los habitantes que dejó en esta tierra».

Así llegaron en la primera semana de julio de 1932 los misioneros a Babia. Eran los inspectores de Primera Enseñanza Rafael Álvarez, Vicente Valls y José Ruiz Galán, los maestros Benito Valbuena, Valeriano Enríquez y Mariano García-Lorenzana, José Recalde y Antonio Pérez Merino, a quienes se sumaron varios maestros de la comarca. Todos ellos pagarían caro su papel en estos años de trabajo por el progreso a través de la escuela: varios fueron asesinados, otros encarcelados, separados del servicio…

Con un proyector de cine, una gramola, un montón de libros y varias reproducciones de obras de arte, durante ocho días de aquel verano recorrieron Babia de Abajo despertando sensaciones y sentimientos de cuantos se encontraron a su paso. Con el paisaje exultante del verano como un perfecto decorado de su obra, los vecinos de Huergas, San Emiliano, Riolago, Robledo, Cospedal, La Majúa, Candemuela o Genestosa se asomaron a la modernidad a través de escenas en movimiento que, como por arte de magia, tenían ante sí proyectadas en una sábana: dibujos animados, grabaciones de la vida en el fondo del mar, los yacimientos de petróleo, documentales sobre bienes artísticos o la chispa de Charlot con la que todos compartían risas.

La música brotaba de las revoluciones del plato sobre el que la aguja rayaba discos regalando piezas de música clásica y canciones populares, estas con la voz de «La Argentinita», canzonetista de moda. Los libros abiertos cristalizaban en versos y romances leídos en alta voz «con la poesía de las palabras que expresan la belleza de las ideas, de los pensamientos, de los deseos, de las pasiones», como trazó en una pincelada romántica Cossío.

Las Misiones Pedagógicas fueron algo más que una utopía, la primera siembra desde la que fueron germinando en los años siguientes bibliotecas escolares circulantes enviadas desde Madrid. Todavía en mayo de 1936 se inauguraría la última antes del estallido de la guerra, en la escuela de Villargusán, al cuidado del maestro Senén Rodríguez.

Sueños de luto Estampas y derrotas de la guerra civil en Babia Víctor del Reguero

Sueños de luto: Estampas y derrotas de la guerra civil en Babia
Víctor del Reguero
La Memoria del Norte. León, 2019

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Leen Alma García, de 9 años, y su autor, Víctor del Reguero