Mucho se habló, siempre en voz baja, y algo se ha escrito sobre los trabajos forzosos que muchos presos realizaron en los primeros años después del fin de la Guerra Civil.
Pero con el paso de los años y otras carencias, se ha incrementado la desmemoria, y hoy su recuerdo se limita, en el mejor de los casos, al ámbito familiar de quienes los sufrieron.
En el caso de la provincia de León, su recuerdo se ha difuminado sin que apenas se haya dejado constancia de su existencia. Lo que esta iniciativa pretende es recuperar una realidad histórica, los destacamentos penales de Orallo y Villaseca de Laciana, situando en su lugar y en su tiempo a las personas que la vivieron.
Aunque los trabajos forzosos y los destacamentos penales se extendieron a diversos oficios y zonas geográficas, en este caso se centraron en la minería del carbón, uno de los sectores más reivindicativos del movimiento obrero, que fue duramente castigado por la represión.
Los datos identificativos, sus rostros, la localización de las instalaciones donde estuvieron, devuelven a los protagonistas su lugar en la Historia, para reconocimiento colectivo y memoria pública.
Los trabajos forzosos
El 1 de abril de 1939 terminó, oficialmente, la Guerra Civil. En un contexto de aislamiento internacional y autarquía económica, las cárceles hacinadas y las necesidades de un país devastado llevaron al nuevo régimen a aprovechar el potencial de los reclusos como mano de obra barata.
Un sinfín de leyes, órdenes y decretos construyeron la hoja de ruta de ese sistema de trabajo, redención de penas y obtención de libertad para miles de presos políticos y prisioneros de guerra. Entre las distintas modalidades estuvieron los destacamentos penales, en los que grupos de presos eran concedidos a empresas privadas para trabajar en un régimen de semilibertad.
Entre los destacamentos más importantes estuvieron los dedicados a la minería del carbón. En la provincia de León, hay constancia de la existencia de cuatro: uno en Fabero (dependiente de las empresas Minas Moro y Minas del Bierzo), otro en Matarrosa del Sil (Antracitas de Gaiztarro) y dos en el valle de Laciana, de Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), la empresa más importante del sector.
Los destacamentos penales de MSP
No se conoce demasiado acerca de los destacamentos penales de MSP. La primera noticia que tenemos está en un acta del consejo de administración. El 26 de junio de 1941, se daba cuenta de que “se están haciendo gestiones para llevar un batallón de trabajadores” que permitiera paliar la escasez de mano de obra.
Con las plantillas mermadas por los miles de obreros recluidos en las cárceles, ejecutados, desaparecidos, exiliados o huidos, y la necesidad de incrementar la producción de carbón, muchas empresas mineras de Asturias y León se vieron imperiosamente necesitadas de mano de obra. La concesión de presos políticos para trabajar en las empresas se publicitó como una cooperación del Estado y la iniciativa privada.
La empresa creó un primer destacamento en Orallo, al que llegaron los primeros presos en septiembre de 1941, y un segundo en Villaseca de Laciana en el otoño de 1942. Este, de menores dimensiones, se mantuvo abierto un año, y el de Orallo fue clausurado en noviembre de 1944.
La vida familiar de los reclusos
La abultada cifra de presos de las cárceles de la dictadura significaba también la de otras tantas familias afectadas por su situación, en un contexto de hambre y miseria. Sin otra posibilidad para sostener a sus familias que la pequeña aportación que iban a recibir, paliando la carencia de recursos de sus hogares, miles de ellos se acogieron al sistema de redención de penas por el trabajo.
El acercamiento de esas familias y su presencia en las inmediaciones de los destacamentos penales deben ser vistos no solo como una forma de estar cerca de los reclusos, sino de conservar la unidad familiar. Se dieron múltiples situaciones: desde quienes provenían de la zona y otras cuencas mineras cercanas, o eran trabajadores de MSP previamente a la Guerra Civil, a quienes tuvieron que trasladarse de latitudes lejanas como Andalucía o Cataluña.
La relación del vecindario con los reclusos fue muy cercana, desde un prisma solidario y humano. De esa relación llegaron a surgir en Orallo cinco bodas entre reclusos y mujeres (varias de ellas de familias represaliadas), que tuvieron lugar entre junio y octubre de 1944, aun cuando varios estaban todavía cumpliendo condena.
EL TRABAJO EN LOS DESTACAMENTOS PENALES
o conocemos muchos detalles de la vida laboral de los reclusos. El grueso de ellos trabajó en las categorías mineras de interior, desde picadores y sus ayudantes en el caso de los experimentados en el oficio, que también fueron barrenistas o franqueadores, a vagoneros, caballistas o peones.
Sabemos que sus jornales fueron los mismos que para el resto de los trabajadores de la empresa. A modo de ejemplo, el jornal de un picador era de 9,50 pesetas, el de un caballista de 9 y el de un vagonero de 8.
De ese salario se les descontaban diversas cantidades para alimentación, asignación familiar y una parte para el Estado “en concepto de indemnización por los daños de guerra”.
La vida cotidiana de los reclusos consistía en el trabajo en la mina de lunes a sábado. Lo hacían en el relevo de mañana, regresando al destacamento entre las cinco y seis de la tarde.
Los reclusos del de Orallo acudían a trabajar al grupo minero del mismo nombre, en concreto a la bocamina “la Tres”. Por su parte, los del destacamento de Villaseca de Laciana lo hacían en el grupo Carrasconte, tanto en el piso 1º como en “el Cargue”.
Además, determinados reclusos prestaban otras funciones en el propio destacamento, como cocineros, barberos o escribientes.
El edificio de orallo
En 1934, el matrimonio de Enrique Barrero y Concepción González, originarios de Sena (Ibias), comenzó a construir una casa en Orallo, en el paraje Los Llanos, muy próximo a los cuarteles mineros.
Al inicio de la Guerra Civil, el edificio estaba construido y cubierto. La familia fue fuertemente represaliada y la casa fue saqueada y sufrió un intento de incendio por parte de un grupo de falangistas.
En 1941, MSP ofreció a la familia un contrato de renta para que la casa albergara un destacamento penal.
El contrato contemplaba el pago de una pequeña cantidad económica y la obligación de la empresa de hacer las obras necesarias para la habitabilidad, única opción de la familia para recuperar la propiedad, sobre la que pendía un embargo.
La casa se conserva en la actualidad prácticamente igual que en la época.
El edificio de Villaseca de Laciana
El destacamento penal de Villaseca de Laciana fue establecido en el edificio que había sido Casa Social Católica.
Construido hacia 1922 por el Sindicato Católico de Obreros Mineros Españoles, que en los primeros años de MSP tuvo una gran influencia gracias al patrocinio de la propia empresa, albergaba en sus orígenes salones, biblioteca, escuela y una cooperativa.
El ocaso del sindicalismo católico hizo que el inmueble tuviera otros usos de comercio y hostelería, manteniendo los de cooperativa obrera y escuela. Este último, el más extendido en el tiempo, es del que perdura la memoria en la localidad.
Propiedad luego de la empresa minera y finalmente cedido al Ayuntamiento de Villablino, el inmueble sería demolido a finales del siglo XX para construir en su solar una promoción de viviendas sociales.
245 nombres, rostros y vidas
Se ha podido constatar documentalmente que por los dos destacamentos de MSP pasaron 245 reclusos, en una relación con total certeza incompleta.
Mayoritariamente eran originarios de León (76) y Asturias (56), con presencias notables de Palencia (14), Jaén (14), Valladolid (9), Lugo (9), Santander (8), Badajoz (7), Córdoba (6), Almería (6), Zamora (5) y Ciudad Real (5), y más testimonial en el caso de Huelva, Alicante, Madrid, Málaga, Murcia o Valencia, con 2 reclusos de cada una.
De otras diez provincias solamente hay constancia de uno, además de un caso en que el recluso era de origen portugués.
Puedes ampliar el contenido de esta exposición en el libro:
ESCLAVOS DEL CARBÓN.
LOS DESTACAMENTOS PENALES MINEROS DE ORALLO Y VILLASECA DE LACIANA (LEÓN)
Wenceslao Álvarez Oblanca
Ángel Gancedo Colado
Javier Molina Marcos
Beatriz Lozano Encina
Víctor del Reguero
ISBN: 978-84-128458-2-2
252 páginas
220 x 220 mm.
1ª edición, diciembre 2024
EQUIPO DE TRABAJO
Wenceslao Álvarez Oblanca
Ángel Gancedo Colado
Javier Molina Marcos
Víctor del Reguero
ILUSTRACIONES
Beatriz Lozano Encina
TEXTOS
Víctor del Reguero









































