El lavadero de Antracitas de Fabero S.A.
En 1945 se pone en funcionamiento el lavadero de La Recuelga para proceder a la clasificación y lavado de los carbones que la emblemática empresa minera Antracitas de Fabero S.A. (AFSA) extraía de sus minas en el entorno de las localidades de Fabero y Lillo del Bierzo.
Este moderno lavadero se construyó estratégicamente situado en las inmediaciones de la vía del ferrocarril de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP), el popular «Ponfeblino». Con anterioridad, se había pensado en la construcción de un ferrocarril propio que diera salida al carbón de Fabero por Vega de Espinareda hacia la localidad de San Vicente y Cacabelos, utilizando además del entronque con la red nacional de ferrocarriles (RENFE) la posibilidad de un suministro directo a la fábrica de cementos Cosmos de Toral de Los Vados.
La construcción del ferrocarril de MSP en 1918 abrió nuevas y menos costosas posibilidades, como eran los cables aéreos, que fueron sistemáticamente aprovechadas por las empresas mineras de la zona. De este modo, el sector Santa Cruz-Matarrosa del Sil quedó definitivamente configurado como un importante y activo paisaje industrial que marcaría el desarrollo de estas localidades durante muchas décadas.
El lavadero de La Recuelga se construyó con algunos de los más modernos sistemas del momento, como era el «Rheolaveur-France», consistente en someter el «todouno» a diferentes corrientes de agua ascensionales a la velocidad adecuada que separaban el carbón de los estériles por la diferencia de coeficientes de rozamiento y densidades de ambos materiales. La capacidad de procesado de este lavadero alcanzaba las 75 tm/hora, por lo que superaría las 1.200 tm diarias en dos turnos de trabajo.
En pleno proceso de modernización de las explotaciones con la introducción de grandes compresores de aire para el accionamiento de los martillos de picar, herramientas que aumentaban notablemente el rendimiento de los diferentes tajos, AFSA necesitaba una salida económica y continua a sus producciones, por lo que construyó, además del lavadero de La Recuelga, un cable aéreo de 7,8 km de longitud y 91 m de desnivel positivo. Este sistema de transporte empleaba 95 castilletes metálicos que soportaban un monocable de ida y vuelta con una estación de carga en el Pozo Viejo, descarga en La Recuelga y una estación motora intermedia.
Con una velocidad de 3 m/s, las 246 vagonetas podían transportar hasta 1.140 tm diarias en 3 turnos ininterrumpidos de 8 horas, superando ampliamente las 200.000 tm anuales de producción de las minas de AFSA. Cada vagoneta de 360 litros tenía un peso en vacío de 155 kg y 600 kg llena de «todouno». Durante muchos años esta instalación vertebró las comunicaciones entre la población minera, las minas y el lavadero, dando lugar a multitud de anécdotas y vivencias. Unas de las más importantes eran las relacionadas con la prohibición de viajar en los baldes…
Tras un procesado que garantizaba la calidad del producto, tanto en tamaño como en rendimiento, los carbones eran cargados en los vagones del «Ponfeblino» con destino a las modernas instalaciones que AFSA había construido en Ponferrada, en las inmediaciones de los talleres de locomotoras de RENFE de La Placa. Desde este punto las antracitas se dirigían a diversos destinos, especialmente las calefacciones de grandes ciudades como Madrid, donde la antracita de Fabero era muy apreciada por su calidad.
El lavadero de La Recuelga estuvo en funcionamiento activo hasta comienzos de los años 80 del siglo XX. Debido a los costes de mantenimiento de la línea de baldes y a los avances tecnológicos en el procesado del carbón, AFSA construyó en las inmediaciones del Pozo Julia un lavadero más moderno, directamente alimentado por las vagonetas que salían del interior de la mina, provisto de nuevos sistemas de separación por medios densos y flotación, a la vez que se utilizaban ya los camiones como medio de transporte principal.
La Cuenca de Fabero-Sil, a pesar de contar con importantes reservas de carbón y unas infraestructuras optimizadas para mantener una producción rentable durante décadas, sufre el cierre total de la actividad minera en la segunda década del siglo XXI, por lo que la zona entra en una profunda regresión socioeconómica. En la actualidad, Santa Cruz del Sil, con el lavadero de La Recuelga y otras instalaciones aledañas, así como las diversas bocaminas del entorno, constituye un punto estratégico para el desarrollo del proyecto del ferrocarril turístico del «Ponfeblino» cuya pérdida por otras orientaciones industriales especulativas constituiría un daño irreparable a nuestro valioso patrimonio industrial minero.
Roberto Matías Rodríguez