No podemos ni debemos olvidar

No podemos ni debemos olvidar dónde están nuestras raíces y las fuentes que sustentaron la riqueza que nos ha permitido llegar al momento actual.

Hemos dejado atrás aquella economía leonesa en blanco y negro de la que hablaba Chencho en su «Balcón del pueblo», en Diario de León, basada en la remolacha azucarera y en el carbón. La primera, con sus vaivenes, se mantiene; la segunda hace tiempo que firmó su acta de despedida. No obstante, de la minería del carbón conservamos, de momento, elementos tangibles que nos permiten ver y reconocer su pasado inmediato.

Hay algunas huellas vinculadas a la minería del carbón que no podremos borrar; en algunos casos solamente disimular. Así, las oquedades causadas por la explotación de carbón a cielo abierto y las correspondientes acumulaciones de estériles, lo mismo que las escombreras tradicionales, permanecerán en nuestro territorio y formarán parte de un paisaje «humanizado» durante mucho tiempo.

Sin embargo, hay otras huellas de esta actividad que también, en su momento, rompieron con el paisaje tradicional; por ejemplo, la construcción del ferrocarril de Ponferrada a Villablino por la MSP provocó la aparición de numerosos cargaderos (Dionisio, La Cazadora, Reola, Victoriano González, La Recuelga, Modroño, entre otros) y toda la infraestructura imprescindible para la explotación del carbón, concentrando su transporte a través del valle del Sil hacia Ponferrada.

Mucho se ha perdido de las infraestructuras levantadas para esta actividad: líneas de baldes, rampas, cargaderos, castilletes o tramos de ferrocarril. Se han destruido, en parte, en nombre de una modernidad mal entendida y, en parte, por un menosprecio, personal e institucional, de lo que se consideraba feo y de connotaciones negativas por lo que en su momento tuvo de trabajo muy duro.

Frente a esto, nos encontramos ahora ante la oportunidad de conservar algunos de los elementos representativos de un momento histórico y de un modelo económico, de la minería del carbón, que nunca se repetirá, puesto que estaba basado en la extracción de recursos irreemplazables, de carácter finito.

En términos generales, el valor patrimonial de infraestructuras que son herencia de actividades industriales o artesanales está fuera de discusión y ha sido estudiado y reconocido en numerosos casos, a distintas escalas y para diversos sectores productivos: azucareras, fábricas de luz, molinos harineros, batanes, castilletes, locomotoras de vapor, canales, … Muchos de ellos en nuestra propia Comunidad Autónoma y en nuestra provincia. Su reutilización como recurso turístico, educativo o etnológico pone de manifiesto el valor de conservar las manifestaciones del pasado. Pues bien, lo mismo podemos decir de nuestras infraestructuras vinculadas a la explotación del carbón, un legado que es mucho más que simples infraestructuras y edificaciones: son un patrimonio que debemos valorar, conservar y, en la medida de lo posible, reutilizar.

Aunque sea en nombre de lo ecológicamente sostenible, de la transición energética o de la descarbonización, no todo es posible ni deseable, aunque sea con subvenciones. En este sentido, no podemos ni debemos (ni queremos) olvidar; para ello, para no olvidar, necesitamos recuerdos tangibles, que podamos visitar y recorrer, no escombros, cenizas o humo.

José Cortizo Álvarez