A las once de la noche se apeaban en Río Oscuro, donde entonces concluía la carretera, de un carricoche en el que habían salido de León al amanecer, cuatro personas: el fundador, dos grandes amigos suyos, egregios profesores de la Universidad y gloria del país, y un mozo, discípulo de ambos, que, profesor también en ciernes, no fue nunca otra cosa que aprendiz de maestro. 

Con un farol y a pie hicieron el camino vecinal a Villablino y entraron rápidos en la cocina de don Paco, porque la nieve, según vuestro refrán, no estaba en las puertas pero sí en los altos. De aquella cocina ya no salieron más que para enterarse de lo que creían necesario a sus propósitos. En aquellos escaños, al amor de aquel fuego, proyectaron, meditaron y resolvieron. Y al partir, a los pocos días, para Río Oscuro y León, en la misma forma, sin ruido alguno, habían creado en Villablino una fuente.

Manuel Bartolomé Cossío (1935), sobre el viaje fundacional de la Escuela Sierra Pambley en 1885

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