Se cuenta que en una hermosa mañana de verano, un hombre muy devoto fue a regar un prado bastante alejado del pueblo. Era domingo y tenía intención de volver a tiempo para asistir a la misa dominical. Terminada su tarea y cuando recogía apresuradamente sus herramientas, porque se le estaba haciendo muy tarde, se hizo de noche de repente. Sin saber cómo, aquel hombre apareció frente a una encina mucho más cercana del pueblo, y se hizo de día. Al mirar hacia la encina, vio la cara de la Virgen esculpida en ella, por lo que desde entonces, las gentes contaron el milagro que la Virgen había realizado para que aquel hombre devoto pudiese ir a misa ese domingo.

 Esta encina ya no existe, pues fue cortada hace años por un hombre deseoso de demostrar que no ocurriría nada. Trabajaba en una mina, y tres días después de haber cortado la encina, murió aplastado por una vagoneta. ¿Fue ese su castigo? Así lo creen algunos parameses.

Páramo del Sil, un pueblecito de León
Ana Isabel Álvarez, 1987

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